Somos el Atlético Club San Martín, el León del Este. Nacimos el 22 de diciembre de 1927 en el departamento de San Martín, en pleno Este mendocino, de la mano del profesor Emilio Robustiano Menéndez y sus alumnos de la escuela Fray Justo Santa María de Oro. Desde entonces llevamos casi un siglo representando a nuestra gente dentro y fuera de la provincia, con una camiseta roja y blanca que hoy se reconoce en todo el país, heredera del espíritu competitivo del histórico Alumni de la era amateur.
Desde nuestros primeros pasos en la Liga Mendocina de Fútbol fuimos construyendo una identidad muy marcada. No tardamos demasiado en convertirnos en uno de los clubes de referencia de la provincia, con equipos que mezclaban talento, sacrificio y un fuerte sentido de pertenencia con el Este mendocino. Cada entrenamiento, cada viaje y cada partido fueron forjando una manera particular de entender el fútbol: cerca de la gente, con raíces en los barrios, las fincas y las bodegas de la zona.
Con el tiempo nos consolidamos como uno de los cuatro grandes del fútbol mendocino y como el tercer equipo más ganador de la Liga Mendocina, con diez campeonatos oficiales. Detrás de cada título hay historias de trabajo silencioso, de entrenadores formadores y de hinchas que acompañaron aun en los momentos más difíciles. Por eso, cuando se habla de San Martín, no se habla solo de un plantel o de un resultado, se habla de una comunidad entera.
Nuestro recorrido en la Liga Mendocina está lleno de equipos recordados y campañas que marcaron épocas. A lo largo de las décadas fuimos sumando estrellas al escudo y, al mismo tiempo, consolidando una mística que nos acompaña hasta hoy. Las vueltas olímpicas, los clásicos del Este, los partidos decisivos en canchas colmadas y los subcampeonatos peleados hasta la última fecha ayudaron a instalar a San Martín como uno de los grandes protagonistas del fútbol de la provincia.
Esos títulos y podios no son solo números en una tabla: son generaciones de jugadores surgidos de nuestras inferiores, entrenadores que dejaron huella y familias que encontraron en el club un espacio de encuentro y de identidad. Cada vez que levantamos un trofeo en la Liga Mendocina sentimos que es el Este entero el que se hace escuchar.
Nuestro nombre también se ganó un lugar en la historia grande del fútbol argentino. San Martín de Mendoza disputó nueve Campeonatos Nacionales de Primera División, más que ningún otro club mendocino junto a Gimnasia y Esgrima y Godoy Cruz. En esa etapa nos tocó enfrentar a los grandes del país y demostrar que desde el interior también se puede competir de igual a igual.
Las hinchadas de San Martín todavía recuerdan las victorias frente a los cinco grandes, esas tardes y noches en las que el León se plantó contra camisetas históricas y salió ganador. Entre las páginas más lindas aparece la victoria ante Boca Juniors en La Bombonera por el Nacional de 1969, cortándole un invicto a un equipo que venía arrasando. Fue una de esas jornadas que se transmiten de generación en generación y que resumen el carácter del club: no achicarse jamás.
De aquellos años quedaron dos marcas que todavía nos acompañan. Por un lado, el apodo de Chacarero, que nos identifica con el trabajo de la tierra y la vida agrícola de nuestra región. Por otro, la figura del León del Este, que simboliza la garra, el coraje y la presencia de nuestra gente en cada cancha del país.
Con el final de los viejos Nacionales, nos tocó recorrer el camino de los torneos de ascenso. Participamos del Torneo Argentino A y protagonizamos campañas importantes, hasta lograr el ascenso a la Primera B Nacional a fines de los años noventa. Ese salto fue la confirmación de que San Martín estaba preparado para sostenerse en competencias largas, con viajes extensos y rivales de todo el país.
En la segunda categoría del fútbol argentino nos mantuvimos varias temporadas, alternando años de adaptación con otros en los que fuimos protagonistas. En la campaña 2002/03 llegamos incluso a disputar una promoción por el ascenso a Primera División frente a Talleres de Córdoba, quedándonos muy cerca de escribir otro capítulo histórico. Pese a no haber alcanzado ese objetivo, aquel período reforzó la idea de que el club sabe competir en los grandes escenarios.
También conocimos la otra cara del fútbol: descensos, reestructuraciones y torneos regionales durísimos. Pasamos por el Argentino B, el Federal B y el Regional Federal Amateur, con viajes interminables y definiciones a todo o nada. Aun así, el club nunca dejó de pelear. En los últimos años, nuevas buenas campañas en la Región Cuyo nos devolvieron la plaza en el Torneo Federal A, categoría en la que hoy volvemos a representar a Mendoza en el mapa federal.
Nuestra casa es el estadio Libertador General San Martín, un escenario propio que puede albergar a unas doce mil personas y que se convirtió en un símbolo del club y del Este mendocino. No es solo una cancha: es el lugar donde muchas y muchos vivieron su primer partido, donde padres e hijos comparten tribuna, donde una bandera pasa de mano en mano y donde cada gol se grita como si fuera el primero.
En ese estadio se escribieron algunas de las páginas más importantes de nuestra historia. Allí se celebraron títulos de Liga Mendocina, se jugaron partidos memorables contra equipos de Primera División, se sufrieron descensos y se festejaron ascensos. Cada vez que el León sale al campo, esas tribunas se llenan de color, bombos, cánticos y abrazos que atraviesan generaciones.
San Martín también aprendió a cuidar su memoria. Fuimos uno de los primeros clubes del interior en contar con un museo propio, donde se reúnen camisetas históricas, trofeos, banderines, fotografías y documentos que ayudan a reconstruir casi cien años de vida institucional. A eso se suman libros y trabajos dedicados exclusivamente al club, señales claras de que nuestra historia merece ser contada, revisitada y compartida.
Hoy, mientras competimos en el Torneo Federal A, seguimos trabajando con la misma convicción que inspiró a Emilio Menéndez y sus alumnos en 1927. Apostamos a nuestras divisiones formativas, buscamos ser protagonistas en cada torneo y mantenemos vivo el orgullo chacarero y la fuerza del León del Este. Cada vez que la pelota vuelve a rodar en el Libertador General San Martín sentimos que honramos a quienes fundaron el club, a quienes lo hicieron grande y a quienes lo sostienen día a día, mirando siempre hacia adelante.